La gripe es un problema importante de salud pública, con resultado de altas tasas de morbilidad, de complicaciones y mortalidad en grupos específicos de población. También comporta un incremento de las tasas de consultas, de hospitalizaciones e ingresos en UCI.

La vacunación antigripal, junto con la higiene de manos, son las medidas más eficaces para prevenir la gripe. Las personas vacunadas tienen una probabilidad más baja de contagio, pero hay que tener en cuenta que uno de los objetivos principales de la vacunación no es sólo evitar la infección, sino la prevención de las complicaciones que puede conllevar la infección del virus de la gripe.

Los profesionales sanitarios no vacunados pueden ser un factor clave desencadenante de brotes epidémicos en los centros sanitarios ya que entre un 30-50% de las personas infectadas con el virus de la gripe pueden permanecer asintomáticas, pero ello no impide que lo transmitan. Es deber del profesional sanitario salvaguardar la salud del paciente y por este motivo es imprescindible que esté protegido de la gripe ya que prevenir o limitar su contagio depende del grado de inmunidad colectiva.

Por lo tanto, hay que vacunarse para protegerse, para evitar la transmisión y para contribuir en la seguridad de las personas que no se pueden vacunar.

¡Vacúnate es tu responsabilidad!

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