Además del correspondiente antígeno inmunizante, los aditivos utilizados en la producción de vacunas suelen ser: líquido de suspensión, como por ejemplo el agua destilada, adyuvantes o potenciadores que ayudan a que la vacuna sea más efectiva aumentando su respuesta y conservantes o estabilizadores que evitan la contaminación o el crecimiento de bacterias y hongos (por ejemplo, albúmina, fenoles y glicina).

Hoy nos dedicaremos al  conservante más “famoso” y controvertido hasta la fecha, el Tiomersal,  esto es,  un conservante que contiene etilmercurio y que se agrega a los viales multidosis de algunas vacunas (difteria, tétanos, tosferina, rabia, meningococo, etc), para prevenir la contaminación y el crecimiento de bacterias potencialmente dañinas durante la manipulación. Los compuestos organomercuriales, se han usado y, no nos engañemos, se continúan usando en el mundo, como hemos dicho, únicamente en viales multidosis. Muchos países, entre los cuales no se incluye España, usan estos envases, bien para hacer frente a epidemias, bien para grandes campañas de vacunación, o por por imposibilidad de almacenar  grandes cantidades de producto. y ello permite que millones de personas en todo el mundo tengan acceso a vacunas que salvan vidas. Hasta la fecha, ningún otro conservante ha demostrado ser tan eficaz.

Contrariamente a lo que sostienen algunos grupúsculos contrarios a las vacunas, en España no se comercializa ninguna vacuna que contenga compuestos organomercuriales desde hace bastante más de una década. Básicamente porque las vacunas que se usan y administran en nuestro entorno se presentan en viales monodosis y no precisan de este tipo de conservante. Decir, entonces, que las vacunas que administramos a nuestros niños o a nuestros mayores contienen mercurio es un fraude y un engaño. La decisión de eliminarlo se tomó, solo como medida de precaución para disminuir la exposición general a mercurio en los bebés.

Las directrices de la Agencia Europea del medicamento (EMA, por sus siglas en ingles), las de los servicios de salud de los EEUU de América entre otras, son muy claras al respecto en cuanto la obligación de detallar, en la descripción de las vacunas, su composición. La mejor manera de conocer el compuesto de cada una de las vacunas es consultando la ficha técnica del producto y esto lo debemos hacer siempre en fuentes contrastadas y actualizadas, como por ejemplo en CIMA, el centro de información online de medicamentos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). No nos dejemos engañar, a nuestros niños ni se les administra mercurio ni derivados mercuriales.