La vuelta al cole implica muchas cosas en el ámbito familiar, y también en nuestro ámbito sanitario: iniciamos la vacunación en las escuelas a los niños y niñas preadolescentes (11-12 años)  de 6º de educación primaria y a los adolecentes (14 años) de 2º de ESO (Educación secundaria obligatoria).

Tanto unos como otros son una población no demasiado habitual en nuestros centros sanitarios pues están, mayoritariamente, fuertes y sanos como robles. Para mantener este estado de salud a raya, no existe mejor medida que la prevención y entre ellos está el completar los esquemas de vacunación de nuestros jóvenes. En este sentido, la vacunación escolar en los mismos centros educativos por parte de los profesionales de enfermería nos ayuda a mantener altas coberturas vacunales y calendarios correctos.

En nuestra comunidad,  Cataluña, vacunamos, para completar los esquemas, contra la hepatitis A, la meningitis C y la varicela a  los niños y niñas y, contra el virus del papiloma humano a  las niñas; estas vacunas son exclusivas para los escolares de 6º de educación primaria. A  los alumnos  de 2º de secundaria  les protegemos contra el tétanos y la difteria.

El trabajo de enfermería comienza repasando historias, contabilizando vacunas, haciendo los contactos oportunos con los centros educativos, programando las visitas y, sobre todo, adaptando su trabajo asistencial diario y sus agendas, de tal manera que la campaña escolar sea un éxito. Y así es, hasta ahora, que este sistema nos permite mantener altas coberturas que de otro modo no conseguiríamos.

Y así, año tras año, las campañas escolares forman parte de nuestro trabajo, de nuestra intervención en la comunidad, ocupando un papel relevante en el proceso de inmunizar, y sobre todo, siendo promotores de la salud dentro de uno de los pilares más importantes de nuestra sociedad: la escuela.