Las vacunas precargadas llevan, por defecto, una burbuja de aire. La discusión comienza cuando no sabemos que hacer con este aire. ¿Tenemos que purgar? Aunque no existen demasiada literatura al respecto, nuestra opinión coincide con los principales expertos: NO hay que sacar el aire de la jeringa. Inyectar esta poca cantidad de aire en el músculo favorece el taponamiento o, lo que es lo mismo, nos asegura que arrastraremos el residual de antígeno que pueda quedar en el émbolo y en la aguja. ¿Tú que opinas?